martes, 6 de agosto de 2013

Un poeta en busca de su montaña sagrada

Recientemente, el periódico virtual Con-Fabulación, publicó una semblanza que del poeta de Riosucio (Caldas), hiciera el otro también bardo, Omar García Ramírez. Cuando uno se encuentra con palabras como las que he decidido transcribir más abajo, me invade una sensación de alivio, de bienestar, de una magia sutil y permanente toda vez que es justo el reconocimiento a hombres de la casta de Conrado Alzate, un hombre que tiene la palabra decantada a flor de piel, incluso en sus gestos o expresiones; un hombre de sabiduría y de un desinterés por las cosas que hace al meter las manos al fuego por sus amigos, por rescatar la cultura literaria de un olvido en el que los últimos gobiernos de Caldas la han sumido. Para el poeta y amigo Conrado, saudades por todo aquello que hace desde el púlpito de la palabra; y para el poeta y amigo Omar, gracias por decir lo que dice con esa solemnidad propia de quien conoce lo que es ser honorable y respetuoso en estos tiempos en que poco importa el prójimo. Un abrazo fraternal a ambos. Los dejo con el texto de Omar García.

Por Omar García Ramírez
 
Conrado Alzate Valencia, escritor caldense de cultivada y refinada vena lírica, sabe que una de las razones del poeta en estado de gracia es dar testimonio de fe. Su pagana religión, su eco-hábitat sacralizado, es la tierra. Habla el poeta a las nuevas generaciones como un viejo chaman hablaría a sus jóvenes iniciados, invitándoles a la maravilla y al poder mantico del árbol, del río, del bosque y la montaña. Con un lenguaje en donde el panteísmo iluminado por las ideas de Leadbeater dibuja las ondinas y los pequeños dioses protectores que respiran entre los amaneceres y los ocasos de nuestras montañas.
Requiere la poesía de germinadores del sueño, de inspiradores del mito, de continuadores de la literatura oral de los ancestros. Conrado asume esta tarea con presteza y la hace diáfana y grácil, poderosa y mágica. Los elementales del bosque encuentran en él a su guardián que como poeta maduro de tierras de montaña, empuña su callado y cala su sombreo al emprender la senda de los que hablan a la montaña en el lenguaje de las formas arquetípicas, los sonidos magnéticos y los murmullos vegetales.
Este libro de “Poemas Ecológicos” debería darse a conocer en las escuelas y colegios de nuestro país, ya que el bullicio de los medios masivos de alienación, ha apartado a los jóvenes del esfuerzo físico del camino a la montaña, de la lluvia que golpea la cara de los caminantes, de las estrellas que alumbran las noches de los que van al encuentro de la Madremonte, el Duende de la montaña sagrada y el Mohán de las cuevas lacustres.

El poeta peregrino, arma una fogata al final de su jornada y habla para que el espíritu del fuego fraterno forje la hermandad del bosque. Ya lo había descrito en clave hermética Thomas Mann en su “Montaña Sagrada”, el hombre en la soledad de la montaña encuentra la plenitud del mundo, su propia cara, los múltiples espíritus  ––de horror supranatural, de beatifica iluminación–– que se manifiestan en las rudas pruebas del buscador, del iniciado.
Conrado Alzate Valencia, escritor de acrisolada cultura, tradición y oficio; poeta que ha ejercitado su espíritu y refinado su ministerio, en los retiros a las montañas colosales del gran Caldas y el Eje cafetero Colombiano, y que a la manera del gran Thoreau, ha construido con sus manos su frágil cabaña de meditación, su tienda de campaña iluminada por las estrellas que cantan y danzan bajo en el silencio del mundo;  nos regala, engastadas entre el musgo verde de estas poesías; leyendas y fábulas que se perdieron bajo el ruido de la civilización y de la vida urbana.
Una vez de regreso lo encontré y le pregunté: ¿Poeta de dónde viene?
Con su cara broncínea y su barba de ermitaño, hermano del animal totémico, aureolado por el duende, me respondió: “De encontrarme con mi soledad en la naturaleza, pero todo en mi canta”.

 
MONÓLOGO DE LA SEMILLA 



Veo el espíritu del bosque creando, 

sopesando la raíz, la savia, el tallo

y las hojuelas de una nueva creación.



Veo una pequeña fábrica de oxígeno, 

de flores, de mariposas y de frutos.

Veo un árbol feliz como los seres del río.

 
Veo la tierra y el agua que me nutrirá,

un jaguar dormido en mi sombra

y los pájaros de la tarde en mis ramas.  
 

Texto original publicado en la revista Con-fabulación

miércoles, 24 de julio de 2013

WALTER (sobre la nueva novela)

Almas transmigradas



No diré que soy inocente de aquello por lo que me condenaron a vivir cinco años entre los muros de una prisión cuyas grietas guardan casi con suma religiosidad los horrores, los espasmos, los miedos y hasta las perturbaciones de antiguos habitantes: como si esas grietas fueran bocas por las cuales brotan los quejidos de almas transmigradas o fisuras de una prisión kafkiana en su más puro apogeo. Por donde se mire hay frases y dibujos tan emotivos que arrancan lágrimas o ahogan suspiros, y tan dolorosos o llenos de angustia que convierten esas paredes en murales de lamentos como un fresco diseminado que sirve más a fines mágicos que decorativos. Basta detenerse en cualquier pared, columna o losa, para reconocer el pavor y la consternación que exuda cada hombre cuando solo vislumbra como norte un pedazo de amargo sol entrando por rendijas, cuando su espíritu se torna fugitivo (de qué otra manera) para volver a un pasado menos ominoso. No. No hay una frase o dibujo, por sutil que parezca, que no contenga un matiz de penumbra, un destello de muerte, un grito desgarrado.
          Pero también es cierto que ahí no todos son responsables del cadalso al que están sometidos. Hay hombres libres del pecado que se les acusa y la única posibilidad que ven plausible para volver a la libertad, es la resignación; hay hombres encerrados porque callan para proteger a alguien, por amor o temor, y su silencio es una doble condena; y hay otros porque sus convicciones morales o lealtades filosóficas son superiores a la mediocridad de vivir como si nada malo pasara bajo los estandartes de la gloriosa patria. Algunos le atribuyen a decisiones divinas, cuando no a cuestiones sobrenaturales, la responsabilidad de estar en el lugar y en el momento menos indicado. Una vez más el ser humano tiende  a concederle una interpretación espiritual más que racional a cada suceso de su vida, sobre todo cuando este suceso es adverso. No hay equivocación más grande de la exégesis de la vida. Muchas veces, de repente, el infortunio nos toca el hombro con la suavidad de un pétalo de rosa, y entramos de lleno en un vórtice inesperado y apabullante; luego todo el caos surge como un destello intenso para herirnos o dejarnos ciegos. Esto no quiere decir que haya sido así mi caso, pues siempre he dicho con jactancia de rapsoda que uno vive como quiere vivir, pese a las circunstancias que me llevaron a ser un fantasma más entre fantasmas, a ser un recluso cuyo número era idéntico al código de barras que aparece al final de cada libro, como sellando la historia que se acaba de leer. Mi condena obedeció más al recalcitrante desprecio que he sentido por cómo se manejan algunas instituciones del Estado; por decirle la verdad al gobierno de turno de manera incisiva y persistente, sin ambages, pues el tirano que ocupa la silla presidencial parece poseído por el síndrome de Hitler, por una megalomanía que todos sus detractores políticos deploramos con hastío; a la conspiración que se fraguó para meterme de lleno en esa prisión de supuesta máxima seguridad donde se mueren de tristeza hasta las cucarachas.
          Pero no es sobre mi vida que deseo hablar. Lo mío estaba ahí, mediáticamente en los periódicos, entre la memoria de los pocos amigos que no cedieron un ápice ni se dejaron intimidar ante la amenaza, que buscaron siempre una salida favorable a mi situación jurídica pese a que yo no le veía patas ni cabeza a nada. Yo esperaba sin afanes cuando el desespero me lo permitía, con esa amarga soledad que acompaña a los vencidos, mirando la hierba que crecía entre las grietas de un patio minúsculo y como salido de la mente del poeta Jattin, leyendo lo poco que caía en mis manos, tratando de darle vida a unos versos y a unas crónicas que hacía tiempo pretendía contar como una salida imaginaria a mi adverso porvenir, y compartiendo celda y sombra con los más de diez reclusos que pasaron por el mismo espacio que me correspondió habitar, la celda cinco del pasillo dos del pabellón uno, como número para chance, donde las palomas nos cagaban la crisma por toneladas.
          Conocí a Walter un día cualquiera, cuando hacíamos fila para el almuerzo. Iba delante de mí, y la primera impresión que me causó fue la de un muchacho frívolo, vanidoso, tocado por la mano del diablo. Entonces levantaba pesas y usaba camisetas forradas al cuerpo. Y como era lógico, intimidaba por su corpulencia, su estatura y su cara siniestra. Otra cosa que advertí es que Walter hablaba sin parpadear, con un tono de voz que yo no dudé en tildar de impostado, como si conociera todos los secretos del mundo y el mundo lo conociera a él; eso sí, no supe precisar si su voz expresaba frustración o desprecio, decepción o alivio. Podría decir, a partir de ahí, que cada encuentro estuvo marcado por alguna señal que entonces no supe interpretar correctamente, o por la propia conspiración del universo, si se prefiere.
          La segunda vez que lo vi hacía ejercicio en el rústico gimnasio que algunos reos procuraban cuidar y mantener como única manera de sobrellevar los días. Improvisaban pesas con botellas plásticas llenas de agua, que sujetaban a los extremos de un palo de escoba. Fue cuando, de repente, sus manos se agitaron en gestos bruscos y de un salto se abalanzó como una fiera sobre otro recluso, un poco más alto que él pero menos voluminoso. Bastaron dos golpes para dejarlo derribado, convulsionando. Todo fue confusión, sobre todo para mí que a veces me fastidiaba ser testigo de la tragedia humana que se vivía entre esas paredes mortecinas. Los guardias llegaron con sus garrotes y nos mandaron de inmediato para las celdas. Lo último que vi cuando lo conducían al hueco (un cuarto de castigo, oscuro, maloliente, invadido por una humedad de catacumba, y donde el tiempo mínimo de encierro era de 72 horas) fueron sus ojos de almendra, y en ellos había una mirada borrosa, carente de cualquier emoción. Y si hubo alguna, el fuerte aguacero que se descargó sobre la cárcel se encargó de deshacerla.
          Y la tercera vez que lo reconocí, muy a mi pesar, un guardia de carácter aséptico lo escoltaba camino a mi celda. Tras de ellos se cerraba una noche espectral, enmarcada por una niebla circundante. Traía sus pertenencias y esa mirada libre de cualquier expresión, fría, distante, como alguien que acaba de salir de un sueño fangoso o hubiese sido apaleado minutos antes hasta el punto de imprimir en su espíritu una renuncia abnegada (de hecho venía del hueco; de hecho su semblante demudado contrastaba con la dureza que le gustaba proyectar, pues actuaba como un monomaniaco furioso la mayor parte de su tiempo). Me saludó con la indiferencia propia que da, además, tener unos años menos y sentirse con toda la vida por delante, frunciendo el ceño y colocando su bolsa de lona en el camarote superior (mi último acompañante había sido puesto en libertad tres días antes). Walter se subió a la cama con pesadez o como si hubiese perdido la conciencia del tiempo, y por la posición de sus manos supe que se había acostado boca arriba y que debía mirar un punto ciego, descascarado por la humedad del techo.
          Entonces las puertas de las celdas permanecían abiertas, si uno quería, pues cada pabellón o patio, de cuatro niveles y veinte celdas por pasillo, era poblado según la magnitud del delito y la genealogía o prosapia social del reo. Yo estaba en el pasillo dos, que junto con el uno, eran los más apacibles, porque el tres y el cuatro eran conocidos como los pasillos del cartucho por obvias razones; es decir que en el día podíamos reunirnos en el patio del primer nivel y pasar de pasillo en pasillo sin ninguna resistencia, salvo la que profesaba en algún instante el cacique del lugar; pero por la tarde, después de las cuatro o del último conteo, cada quien volvía a su pasillo y solo en este tenía libertad de moverse. Debo decir que aquella prisión había sido destinada para internar funcionarios públicos (senadores, alcaldes, concejales, militares, policías) y personas con alguna inherencia social (periodistas, actores, banqueros). Allí, unos y otros, parecíamos estar al mismo nivel, bajo las mismas prerrogativas, con iguales derechos. No obstante, los del pasillo uno (jueces, políticos de grueso calibre, amigos del tirano) gozaban del privilegio de no salir desnudos cuando la guardia efectuaba su control de registro en busca de armas, drogas o celulares.
          Esa noche Walter no movió un dedo pese al infierno que yo padecí por su maligna presencia. Luego descubriría que era su manera de evitar muchas cosas, de analizar otras. Walter era un depredador por naturaleza. Un ser entrenado para habitar los más inhóspitos lugares. Un antihéroe que no desestimaba nada ni a nadie, desaprensivo. Para él todo era posible mientras quedara en los pulmones un soplo de vida. Había aprendido la lección de Ícaro, una vez me comentó con deleznable exultación, arqueando sus enmarañadas cejas, destilando la rabia que le producía aquel encierro.
          Pese a que yo estaba próximo a cumplir cuarenta y dos años, aquel hombre me producía un escalofrío infinito, o quizás porque yo soy de espíritu hiperestésico. De soslayo vi la sombra de la muerte enganchada en sus ojos, como si la obcecación fuera el motor que lo mantenía vivo. Imaginé que la conspiración del gobierno continuaba, que de algún modo no se había contentado con meterme de lleno en ese horrible lugar donde se respiran vapores mefíticos y se anestesia la inteligencia, sino que enviaba su mensajero para recordarme que hay cosas peores que una larga condena y una impronta de criminal en todos los rincones de la sociedad. Un vahído me atacaba cada vez que se movía, que rechinaba el catre como el lamento de alguien que se resiste a morir, porque no sabía si era para cambiar de posición o si preparaba su ataque. Él no necesitaba arma alguna para acabar con mi vida en pocos segundos, de manera silenciosa, limpia, sin escenas sangrientas; eso lo admitía, eso suponía. Bastaba poner sus gruesas manos sobre mi garganta, y todo estaría terminado. Yo era un muñeco a su lado, un delgado hilo de paja. Él parecía un hombre entrenado, un asesino por naturaleza. Así que esa noche no pude cerrar los ojos porque imaginaba que de hacerlo las arenas movedizas de la oscuridad me tragarían para siempre. Anduve en vigilia como el cancerbero de mí mismo sin desconocer cuál sería el resultado, pese a que para esas cosas yo era el menos arredrado: despierto o dormido todo sería igual, imposible de eludir. Me ahogaba en el sopor, en la erosión de la vigilia, añorando el primer rayo de luz de la mañana, como si de este modo lograra atravesar un túnel de tiempo y alejarme de su alcance.
          El frío de la ciudad se colaba por cada rincón, para colmo de males, haciendo más siniestra la hora y aquella celda que anticipaba como mi tumba. Mi cabeza era un pandemónium, de donde extraía ideas que se contradecían unas a otras. Creo que aquella noche perdí un poco más la razón. Lo que hace el miedo. Imaginé lo que debía sentir y padecer un ratón al ser alcanzado por las garras del gato y su mirada vidriosa. Definitivamente yo no era un hombre que pudiera enfrentar esa clase de retos. Una vez más desfilaba por mi mente cada estampa de mi vida, cada retazo de mi historia personal. Ofrecí perdón a la nada por el dolor que alguna vez causé. ¿Dónde estaría Sandra? A su lado jamás medí las consecuencias de mi soberbia, de mi prepotencia, de mi desfachatez. Un día cualquiera se alejó para siempre llevándose el gato que teníamos de mascota. No volví a verme reflejado en sus ojos verdes que tenían la belleza y la lozanía de la hierba húmeda. Y mis hijos… Federico y Sebastián jamás crecieron a mi lado, no conocieron el calor que puede generar un padre comprometido. Por donde mirara no había un ápice de hombre bueno en mí. Me creí más sibilino que cualquiera de aquellos que me rodeaban.
          Tal vez merecía morir de una buena vez. Repito: mi mente era una mezcla de todo. Me aferraba a esos recuerdos como si anhelara un bálsamo para bien morir. De mis ojos surgieron silenciosamente un par de lágrimas. En ese instante deseé con vehemencia que Walter no prolongara más la agonía, que se levantara como Lázaro y sus flamígeras manos se posaran sobre mí y apretara con exultación. Quise morir con la imagen de Sandra y de mis hijos retumbando en mi cabeza. Mi arrepentimiento o vergüenza era de gran envergadura. Confieso que estaba paranoico. Pero él se mantuvo incólume en su cama, tanto o más inerte que yo, respirando acaso con esfuerzo, como si algo le apretara el pecho o le estuviera abriendo una herida más dolorosa que la que me producía todo aquello. Nada de lo que esperaba llegó; la fiesta de la muerte fue aplazada, la estocada de muerte. Solo la luz del día repuntó en medio de mi desconcierto. De un extraño día cuya brillante luz terminó por mutilar mis irritados ojos.
          Walter descendió del catre con el mismo sigilo que había subido la noche anterior. Su espalda estaba tatuada con una limpia figura triangular, cuyo vértice menor apuntaba hacia abajo y era seccionado por una pequeña línea. Agarró una toalla, la crema dental y el cepillo de dientes. Parecía más grande de lo que era. Más perturbador. Luego salió camino a las duchas, de donde se escuchaba el canto de los primeros hombres que recibían el agua del páramo que llegaba por la oxidada tubería como un rayo revitalizante. Cerré los ojos entonces al tiempo que dejaba escapar un hondo suspiro. Ya no sabía qué pensar. La confusión era enorme. ¿Hasta cuándo debía esperar? Supuse que en nada serviría acudir ante el coronel que dirigía la prisión. Él era parte del Estado que me condenaba, una ficha clave para defender, aun allí, la soberanía nacional, los intereses del tirano. No tendría obligación de escucharme, de prestarme ayuda. Tampoco le interesaría. Si alguien me asesinaba, el país tendría una mente revolucionaria menos en su espectro.
          Sonó la sirena del conteo matutino, con un estruendo que me crispó hasta la médula. Con una punta de la cobija me limpie las legañas que pudiera tener. Salí arrastrando los pies, con pasos casi palmípedos, cruzando los brazos como si fueran mi escudo o el inicio de un ritual de salvación. La pálida luz de esa mañana parecía traer consigo un mensaje demoledor o de mal augurio. Tres guardias vigilaban desde sus garitas y cinco más apoyaban al que llamaba a lista. En el pasillo estábamos todos, incluido Walter que se hizo tras de mí porque formábamos por pareja de celda para el conteo. Sentí su aliento como un tizón en la espalda. Sentí su respiración en la nuca, con olor a dentífrico. Tan cerca. Agitada. Amenazante. Luego su pesada mano en mi hombro. Un silbato tronó mientras mi cuerpo se estremecía. Y ya todo fue oscuridad.
 
Walter es mi más reciente obra literaria. Una historia que deberás leer...
 
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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Concurso de Novela "Medellín Negro" 2013

En el marco del IV Congreso Internacional de Literatura “Medellín Negro” 2013, este Concurso de Novela de crímenes tiene como propósito estimular la reflexión ética y estética en el sentido actual del crimen para las sociedades contemporáneas desde la voz de las víctimas.
Lo anterior sobre la base de que, hasta hace poco, el desarrollo del género negro respondió a pautas dominantes de carácter global –como el mercado, el predominio cultural de centros dominantes y la persistencia de ideales de justicia, orden o derecho, etc.—, que hasta cierto punto no tomaban en cuenta las diferencias culturales, ideológicas o locales, en el tratamiento del crimen y mucho menos a las víctimas, siempre enfocados en el papel del victimario o criminal.
Elementos como la identidad de la víctima, sus particulares condiciones personales o sexuales, los conflictos comunitarios que encarna, sus circunstancias regionales, sociales o políticas representan una perspectiva original del fenómeno criminal.
El Concurso de Novela de crímenes se inscribe así en el campo del género negro en sus distintas variantes (policial, detectivesco, espionaje, etc.), por una parte; pero desarrollando la historia a partir de un campo local de conflicto en que las víctimas determinen la reflexión (hombres-mujeres víctimas, LGTB, niños, indígenas, afrodescendientes, etc.).
Bases
1. Podrán participar autores de cualquier nacionalidad.
2. Las obras deberán ser originales e inéditas, estar escritas en español, no haber sido premiadas con anterioridad en ningún certamen y estar libres de compromiso de edición, tanto al momento de su admisión como de la proclamación del fallo.
3. El tema de las obras deberá girar en torno a la visión de las víctimas sobre el crimen en sus diversos ámbitos.
4. La extensión será de 150 a 200 páginas y se presentará en formato PDF, a espacio doble, en Times New Roman cuerpo 12, con 2,5 cm en los cuatro márgenes. Por favor numerar las páginas.
5. Los participantes deberán escoger un seudónimo con el cual firmarán la obra en el formato PDF. Relato que no incluya nombre de la obra y seudónimo en el formato PDF será descalificado.
6. El trabajo se enviará al correo electrónico concurso.noveladecrimenes@gmail.com
indicando en el asunto: Para Concurso de Relato de crímenes “Medellín Negro” 2013. Se adjuntarán dos archivos: el primero en formato PDF, que contendrá la obra y se nombrará con el título del trabajo, y el segundo archivo se titulará con el seudónimo del autor y contendrá sus datos: nombre y apellidos, número de cédula de ciudadanía o documento análogo, nombre del relato a concursar, domicilio, dirección de correo electrónico y teléfono.
Calendario
1. El plazo de recepción de trabajos será del 20 de noviembre de 2012  al 15 de abril de 2013.
2. La premiación se realizará en el marco del IV Congreso Internacional de Literatura “Medellín Negro”2013 que tendrá lugar en el mes de septiembre de 2013.
Premios
·         Se seleccionará una novela ganadora y dos finalistas.
·         Con la novela ganadora se realizará una publicación en una editorial reconocida.
·         Invitación al Congreso de Literatura Medellín Negro 2013 que incluiría tiquetes y alojamiento por un valor máximo de US 1000 (el dinero no será entregado en efectivo).
·         El autor obtendrá la suscripción por dos años a las revistas Estudios de Literatura Colombiana y Lingüística y Literatura.
El premio podrá ser declarado desierto.

martes, 20 de noviembre de 2012

Comunicado de las Editoriales Independientes Colombianas contra el favorecimiento estatal a los grandes monopolios del mercado del libro


La Red de Editoriales Independientes Colombianas, presenta su rechazo a las recientes decisiones de compra de libros por parte del Estado colombiano mediante el denominado Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas (PNLB), de acuerdo con los listados elaborados por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, en los cuales la industria editorial colombiana y en particular la industria editorial independiente, resulta vergonzosamente maltratada, en contradicción con los lineamientos originales del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas consignado en el documento CONPES 3222 del Departamento Nacional de Planeación, el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Educación Nacional (versión aprobada en Bogotá, D. C., el día 21 de abril de 2003). El mencionado documento establece que, entre otras disposiciones:

“[…] Esta política [la nacional de lectura y bibliotecas] busca hacer de Colombia un país de lectores y mejorar sustancialmente el acceso equitativo de los colombianos a la información y al conocimiento mediante el fortalecimiento de las bibliotecas públicas, la promoción y el fomento de la lectura, la ampliación de los sistemas de producción y circulación de libros […]”.

En cuanto al fortalecimiento de la industria editorial y la circulación del libro, consigna que:
 
“[el] PNLB busca diseñar y poner en marcha, conjuntamente con otros organismos públicos, asociaciones civiles y empresas del sector privado, programas y estrategias para incrementar la producción y circulación de los libros y demás material bibliográfico en Colombia. De esta manera, se busca contribuir al cumplimiento de los objetivos de la Ley 98 de 1993, la cual dicta normas sobre democratización y fomento del libro en Colombia, y superar las limitaciones de acceso que presenta el mercado editorial, especialmente para las poblaciones más vulnerables y más alejadas del centro del país”.

El citado documento, en otro de sus apartes, señala:
 
“[…] Una de las estrategias a ser adoptadas está dirigida a fomentar la producción de colecciones bibliográficas de circulación masiva y bajo precio, para lo cual se incentivará la activa participación del sector editorial, como actor fundamental en el proceso de ampliación de la oferta editorial nacional”.

No obstante estos preceptos, la comunicación dirigida por el Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo (FONADE), a los proveedores del PNLB el día 22 de agosto de 2012 (Convenio 212002, año 2012), establece compras de libros, así:

• De los $1.469.441.400 (el total de la disponibilidad para compra), el 83% de estos recursos (es decir, $1.219.409.400,oo) los destina a diez proveedores en un listado de veinte, en donde las empresas que se llevan la “tajada” más grande son ocho editoriales extranjeras. Solamente hay dos editoriales colombianas en este grupo.

• Entre el destino de la compra restante por $252.291.590 aunque aparecen algunas editoriales colombianas, son nueve las que arrasan con el 50% de los recursos, dejando así solo un 2,43% para cinco de las editoriales pertenecientes a la Red de Editoriales Independientes Colombianas. Y debemos señalar que, de no ser porque a una de ellas se le hizo una compra “significativa”, las otras cuatro únicamente sumarían una participación de 0,03%. También debemos resaltar que a las editoriales de la REIC solo se les hizo solicitud para dos o tres títulos en una ínfima cantidad de tres ejemplares por cada uno, mientras que a las editoriales del primer grupo se les solicitaron 760 ejemplares por título.

De acuerdo con lo expresado, las editoriales Independientes Colombianas, MANIFESTAMOS que:

Las editoriales integrantes de la REIC a las cuales se les incluyó dentro del pedido, han decidido cumplir con la entrega al PNLB de los ejemplares solicitados. No obstante, la REIC considera que dicho interés de compra constituye una limosna no solicitada, y que los pocos títulos elegidos no reflejan ni en mínima parte la diversidad de nuestra producción editorial independiente.

• Esta situación es contraria a los derechos legítimos de los editores colombianos, y constituye una oportunidad para expresar nuestra protesta y exigir que dentro de las disposiciones de la Ley del Libro se establezca una protección a la industria editorial independiente colombiana.

• Las bases de datos que sustentan la selección de compras estatales en las bibliotecas públicas en todos los niveles deben alimentarse y actualizarse regularmente con la totalidad de los catálogos de las editoriales independientes colombianas.

• Esperamos que otras entidades gubernamentales, como las secretarías de Cultura de las ciudades y los municipios, no obren como en la práctica lo hacen las instituciones encargadas del PNLB, y en verdad actúen con criterios que respalden los planes de lectura y desarrollo de la edición independiente colombiana y todos sus eslabones.

• Debe ser designada una veeduría ciudadana, activa y decisoria, compuesta por integrantes del sector del libro y la lectura (no solo de la Cámara Colombiana del Libro sino, así mismo, de la Red de Editoriales Independientes Colombianas, de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes, de los departamentos de Literatura y Comunicación Social y afines de las universidades, de la asociación de los editores universitarios asociados y demás), que asegure la transparencia en los criterios de selección de los títulos destinados al PNLB.

Se firma en la ciudad de Bogotá, Colombia, a los veintiún (21) días del mes de septiembre (Día de la Bibliodiversidad) del año 2012.

Solicitamos a la comunidad de editores independientes, autores, libreros, estudiantes y profesores, lectores, impresores y demás integrantes de la cadena del libro y la lectura y, en general, a toda la opinión pública, respaldar este comunicado y apoyar las peticiones que en él se consignan.

jueves, 10 de mayo de 2012

Publicación en E-book de El juego de Archer

Deseo compartir con ustedes, amigos, escritores, lectores, seguidores, que la prestigiosa editorial española Amarante, acaba de publicar mi novela El juego de Archer, obra con la que en el 2010 obtuve el XII premio nacional "José Eustasio Rivera". Esta novela estará a partir del momento a su disposición en la web como E-book. Solo deben ingresar a los links que más adelante relaciono, y realizar el trámite para descargarla por un valor no superior a los tres euros. De este modo entramos al mercado de los libros virtuales, como están haciendo tantos autores, incluido nuestro queridísimo premio Nobel Gabriel García Márquez. Una buena oportunidad para aquellos que no han leído aun la novela, ya que no se consigue en formato impreso. Gracias por su apoyo.



martes, 3 de abril de 2012

UN PAÍS QUE SUEÑA

Recientemente, la poeta colombiana Lauren Mendinueta, radicada en Portugal desde hace varios años, hizo el lanzamiento de la Antología UM PAÍS QUE SONHA (cem anos de poesia colombiana, con el apoyo y traducción del poeta portugués Nino Júdice. Aquí deseo dejarlos con las palabras de presentación del libro, con la voz de Lauren que cada vez se incendia como los astros que nos guían en la noche. A ella, como colombiano y compañero de oficio, un VIVA por su trabajo y por lo que hace en la diáspora a favor de las letras nacionales.

PRÓLOGO DE LAUREN MENDINUETA. 


Cuando llegué a vivir a Lisboa nada me había anticipado el gran amor que llegaría a sentir por esta ciudad, por este país. Para mí Portugal se resumía a un puñado de referencias literarias. Lo había encontrado en Los Maias de Eça de Queirós, en algunas de las novelas de José Saramago y, por supuesto, en Fernando Pessoa, ese gran poeta del siglo XX tan leído y apreciado en Colombia. Ellos y otros autores portugueses me hicieron soñar con esta luz perfeita e exacta , pero ninguno me preparó para lo que significaría mi encuentro con el país. Cinco años después puedo decir que mudar mi residencia de España para Portugal fue la decisión más importante de mi vida adulta. En conversaciones con amigos solemos decir que Portugal es el secreto mejor guardado de Europa. Un país rico arquitectónica y culturalmente, poseedor de una geografía sugerente y un clima envidiable, en el que el visitante siempre se sentirá bien acogido. La lengua de Camões es dulce y melódica. Para nosotros, los extranjeros, suena como el murmullo de un riachuelo y posee el irresistible atractivo del canto de las sirenas. Aprender portugués no es fácil, pero una vez sumergidos en su corriente, seducidos por sus encantos, nos sentimos deseosos de anclar para siempre en sus puertos. La sola mención del canto de las sirenas me recuerda que Ulises es el fundador mítico de Lisboa. ¿Quién otro podría haber fundado este puerto sino el navegante de Ítaca? Con excepción de la poesía brasileña, la lírica latinoamericana es poco conocida en Portugal. No abundan las traducciones al portugués europeo y las antologías son inexistentes. Con esta edición Colombia es el primer país de la América Hispana que presenta un conjunto significativo de sus poetas al público luso.

Esta antología se llamó durante casi todo su proceso creativo Cien años de poesía colombiana (1865-1965). Ya entrados en la etapa de edición nos pareció que el verso de Aurelio Arturo “este poema es un país que sueña” resumía mejor el espíritu del libro, entonces decidimos cambiar el título por Un país que sueña . Con ello deseamos también rendir homenaje a uno de nuestros más grandes poetas. 

Dos criterios seguí para la realización de esta antología. El primero me lo impuso el tiempo. Los autores aquí reunidos nacieron entre 1865 y 1965. La primera fecha no es para nada arbitraria, coincide con el nacimiento de José Asunción Silva, el más importante de los poetas colombianos. El límite lo impondría la medida de un siglo. Este lapso de cien años me permitió presentar un panorama bastante extenso que incluye poemas publicados desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. El segundo criterio fue mi gusto personal. 

Colombia, como Portugal, es un país de poetas. La presente no es una antología crítica ni exhaustiva. De haber sido crítica habría contenido menos autores, de haber sido exhaustiva tendría necesariamente que incluir muchos más. 
Mi objetivo fue desde el principio reunir en un solo volumen aquellas que considero las más bellas poesías colombianas. Esta es, pues, una antología de poemas y no de poetas. Están aquí reunidos trabajos de autores muy dispares entre sí, grandes poetas y poetas menores, poetas cultísimos y poetas populares. En sus versos se encuentra representada buena parte de la memoria lírica de mi país. Sólo lamento que el criterio impuesto por las las fechas me haya impedido mostrar el trabajo de creadores más jóvenes como Yirama Castaño, Luis Felipe Robledo, Fredy Yazzed López, Marta Carolina Dávila, Rodolfo García, Federico Díaz-Granados, Andrea Cote, Larry Mejía, Giovanni Gómez, Jonh Better, Adrián Pino Varón, John Jairo Junieles, Saúl Gómez Mantilla y Lucía Estrada, entre otros. Espero que en un futuro cercano se pueda publicar un segundo volumen que permita completar el panorama de la poesía colombiana actual. 

La poesía podría definirse como un espejo en el que se refleja la sociedad. Por supuesto, como sociedad no siempre nos reconocemos en la imagen reflejada. El rostro que aparece sobre la superficie pulida puede antojársenos más bello o más feo que el original, pero misteriosamente siempre será fiel. Las relaciones entre historia y literatura son complejas. De las épocas más oscuras pueden surgir las más luminosas obras de arte. Este libro es la constatación de ese extraño fenómeno. La gran mayoría de los poeta aquí antologados fueron afectados en sus vidas, y por lo tanto en sus obras, por dos siglos de guerras civiles y conflicto armado . Sin embargo, lejos de agonizar, la poesía colombiana es reconocida como una de las más ricas y vitales de América Latina. 

Nuestra tradición poética es muy fuerte y está arraigada en la base misma de la sociedad. Como testimonio de esta verdad baste resaltar el parentesco que existe entre 10 de los 66 poetas presentes en este libro: María Mercedes Carranza, Ramón Cote Baraibar y Santiago Mutis Durán, son hijos respectivamente de Eduardo Carranza, Eduardo Cote Lamus y Álvaro Mutis. Por otra parte, Juan Manuel Roca es sobrino de Luis Vidales y Guillermo Martínez González es nieto de Matilde Espinosa. Otros dos, José Luis Díaz-Granados y Pedro Arturo Estrada, tienen respectivamente un hijo y una hermana poetas que por razones de edad no fue posible incluir en esta antología. 

A lo largo del libro cada poeta es presentado con una pequeña nota biográfica. A veces, incluso, con una pequeña apreciación crítica. Porfirio Barba Jacob, León de Greiff, Laura Victoria, Meira Delmar, Jotamario Arbeláez, Julián Malatesta y Vito Apüshana, firman sus obras con seudónimos literarios. En cualquier caso, hemos optado por el nombre artístico sin mencionar el civil. 

La realización de este libro no fue tarea fácil, pero valió la pena. El trabajo de selección me obligó a leer las obras completas de muchos de los autores y, cuando esto no fue posible, amplias compilaciones. Esto sin contar las antologías de la poesía colombiana y los trabajos críticos que consulté. El acceso a tan importante material no habría sido posible sin la ayuda de los poetas o sus herederos, de los amigos que desde diferentes partes del planeta me enviaron libros y de Internet donde hoy en día es posible consultar buena parte de la poesía de mi país en formato digital. 

La traducción de Nuno Júdice es extraordinaria, no podía ser de otro modo tratándose de un poeta de su importancia. En estas páginas Júdice consiguió trasladar de una lengua a otra lo que en un principio parecía imposible: la música. Fue un verdadero honor el haber trabajado a su lado y estoy segura de que los poetas colombianos, y los lectores portugueses, le estarán en igual medida agradecidos. 

Finalmente quiero dar las gracias a Germán Santamaría, embajador de Colombia en Portugal, por el apoyo y entusiasmo que puso en este proyecto desde la primera vez que se lo mencioné. Cuando le dije que nunca se había publicado en Portugal una antología de la poesía colombiana me dijo de inmediato: “manos a la obra”. Este libro simboliza para mí la expresión de un doble amor. El amor por mi patria y su poesía, y mi amor por Portugal y su lengua. Durante un tiempo prácticamente viví dentro de él y llegué a sentir que era mío. Con su publicación regresa a manos de quienes en verdad pertenece: a sus autores y, sobre todo, a sus lectores. Colombia es un país en el que se crea, se ama y se sueña. Un país en el que se escribe una gran literatura. Estoy contenta de poder contribuir en algo a la divulgación de esta otra faceta de su realidad. Bienvenidos a Colombia. Entren, disfruten la poesía de un país que sueña. Lauren Mendinueta Lisboa, marzo de 2012.

viernes, 2 de diciembre de 2011

XIII BIENAL NACIONAL Y I INTERNACIONAL DE NOVELA

La Fundación para la Enseñanza y Promoción de los Oficios y las Artes Tierra de Promisión (Ley 42 de 1988), con el apoyo del Municipio de Neiva (Acuerdos 052 de 1996 y 052 de 2009), se han integrado para exaltar la memoria del novelista y poeta huilense José Eustasio Rivera, autor de La Vorágine y de Tierra de Promisión, para lo cual convocan a todos los escritores de lengua castellana, a presentar sus trabajos en la XIII Bienal Nacional y I Internacional de Novela José Eustasio Rivera, de acuerdo a las siguientes

Bases:

1. Pueden participar escritores de cualquier edad y sexo, con un solo trabajo inédito en lengua castellana, en tamaño carta papel bond, por una sola cara, doble espacio, y con una extensión mínima de 120 y máxima de 300 páginas, por triplicado, debidamente paginadas y cosidas, acompañado de medio magnético CD, en sobre dirigido a:

FUNDACIÓN TIERRA DE PROMISIÓN

XIII Bienal Nacional y I Internacional de Novela José Eustasio Rivera
Calle 18A No. 7A-14
Teléfono: -8- 865 25 16
GUILLERMO PLAZAS ALCID
Director Ejecutivo,
O Calle 5 No. 5-124
-Antiguo Club del Comercio -
Neiva – Huila – Colombia

Junto a la Novela se enviará un sobre cerrado en cuyo exterior se escribirá el título de la obra. Dentro del sobre se incluirá: nombre completo del autor, domicilio actual, teléfono, correo electrónico, y breve resumen biográfico, incluidos lugar y fecha de nacimiento.

2. Las obras pueden enviarse hasta el martes 3 de julio de 2012 como máximo, por correo certificado, y el fallo se dará a conocer el viernes 12 de Octubre de 2012. La decisión del Jurado es inapelable, y en ningún caso el premio se declarará desierto.

3. El Jurado Calificador cuya composición se hará pública en el momento de emitir el fallo, decisión que podrá ser unánime o por mayoría, concederá un único premio indivisible de 80 salarios mínimos legales vigentes, (Acuerdo 052/2009), más medalla y diploma. Cada miembro del jurado recibirá $3.500.000, por su tarea evaluadora, valor que le será girado a la cuenta bancaria que indique, una vez haya sido entregada formalmente la calificación del concurso literario. El concurso está sujeto a las retenciones previstas en la legislación tributaria vigente.

4. De la obra premiada se hará una primera edición de 1.000 ejemplares, de los cuales 200 se entregarán al autor ganador de la XIII Bienal Nacional y I Internacional, 230 a la Dirección de Cultura del Municipio de Neiva, y el excedente a la Fundación Tierra de Promisión, los cuales hará llegar a los profesores de literatura, Universidades, diarios, revistas, bibliotecas e instituciones de carácter cultural de la región y el país.

5. El jurado podrá señalar hasta tres finalistas que recibirán mención de honor.

6. La edición de la novela ganadora será entregada en la ciudad de Neiva, en ceremonia especial que se realizará el Jueves 29 de Noviembre de 2012, en la sede de la Fundación (calle 5 No. 5-124 – Antiguo Club del Comercio) y/o Centro Cultural y de Convenciones José Eustasio Rivera, con la asistencia de los convocantes: directivos y miembros de la Fundación Tierra de Promisión y Autoridades Nacionales, Regionales y Locales, escritor ganador, integrantes del jurado, participantes finalistas, invitados especiales, y medios de comunicación.

7. Las obras serán originales e inéditas. Ningún participante deberá enviar más de una novela, ni concursar simultáneamente en otro certamen con la obra enviada a esta Bienal, así como no participar con una obra que haya tenido algún reconocimiento nacional o internacional.

8. Los participantes deben adjuntar certificación escrita, garantizando que los derechos de publicación de la obra están libres y que ésta no ha sido presentada a ninguna otra convocatoria.

9. Al conocer el fallo del jurado, los organizadores no se comprometen a hacer devolución de las obras enviadas. La participación en la Bienal, implica la aceptación de estas bases.

10. Dado que el objetivo primordial del Premio Bienal Nacional e Internacional de Novela José Eustasio Rivera, es mantener vivo el nombre del insigne escritor huilense y difundir su obra, para lograr un mejor conocimiento de la misma en las sucesivas generaciones. La Fundación Tierra de Promisión promocionará igualmente a los escritores participantes, quienes autorizan para tal fin a los convocantes a utilizar sus nombres y su imagen en la promoción del concurso.

Fdo.)GUILLERMO PLAZAS ALCID

Director Ejecutivo

Fundación Tierra de Promisión

1612 - NEIVA 400 AÑOS - 2012

jueves, 17 de noviembre de 2011

En el país del Sagrado Corazón

El colombiano promedio, el colombiano que debe salir todos los días a enfrentarse de lleno con la vida, sin un trabajo digno, sin seguridad social ni nadie que le garantice sus derechos, se tiene que volver audaz, creativo, demasiado inteligente, para volver a casa con el alimento que sacará una sonrisa a sus hijos o para hacer más llevadero su hogar. A esos colombianos, que somos la mayoría, deseo dedicarles hoy esta entrada; a los buenos colombianos que dejan de lado sus tristezas, sus verguenzas, sus sinsabores, y nos hacen comprender, así sea por un instante, que pese a todas las adversidades, se puede vivir en este país considerado del sagrado corazón.

Van estas fotos tomadas con mi lente. Retratos fieles de lo que hacen los colombianos, entre muchas otras actividades, para no dejarse morir ante la indiferencia de un Estado que aún no encuentra la fórmula mágica para tratar a todos por igual.

Una venta de mazorca en una calle bogotana.









Una nevera que sirve para guardar zapatos, en Cartagena.











Una foto de la actriz Megan Fox, de Transformers, publicitando un bar nocturno, en Pereira.










Una venta de cuadros, exhibidos sobre un carro, en Manizales.









Si tienes fotos similares, envialas a mi correo, para que hagamos juntos una galeria en honor al colombiano luchador, honrado y decidido. No como burla, sino como una muestra a su arrojo, a su valentía, a ver si el Estado llega algún día a mirar bien la letra menuda de la Constitución.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Amigos (as) lectores: en agradecimiento a su lealtad para con mi blog, deseo remitirles, a quienes estén interesados, el PDF de la novela El juego de Archer, con la que gané la XII Bienal Nacional de Novela José Eustasio Rivera 2010, cuyo monto económico, según parece, será para el próximo año de cien mil dólares.

La idea es compartir con ustedes esta historia, ya que solo ha sido publicada en Colombia. Su sinopsis: ¿Qué harías si conoces la identidad del hombre que asesinará a uno de los escritores más influyentes del siglo XXI? Descúbrelo a través de la ruta de Santiago de Compostela, México y Colombia.

Para ello solo debes hacerte miembro o seguidor del blog, enviar tu petición al correo electrónico adrianpinovaron@gmail.com, y a vuelta del mismo, totalmente gratis, te será entregado. 

Así mismo, los invito a participar en la próxima convocatoria de este evento, cuyo carácter será ahora internacional.

Un abrazo en la palabra.

lunes, 24 de octubre de 2011

Norma y el fin de un sueño

Como se ha difundido ampliamente, el Grupo Editorial Norma hizo público el cierre de algunas  de sus líneas  literarias, con ellas incluso el fin del premio La Otra Orilla. Como escritor lamento este suceso de tan importante editorial colombiana, diciendo además que imaginen lo que pasa con aquellas pequeñas editoriales y, aún más, los esfuerzos que se ven abocados a realizar quienes pretenden sostener diversas publicaciones de todo tipo. Por ello mi voz de solidaridad y la transcripción del siguiente artículo copiado de la revista Arcadia, para que se hagan una idea más clara de lo que pasó. 

Por Lina Vargas.

La noticia se supo el pasado 30 de agosto: el Grupo Editorial Norma cerrará sus líneas de Ficción y No ficción para adultos, Verticales de bolsillo, y Autoayuda y Crecimiento personal. El comunicado, enviado por la empresa Carvajal Educación —de la que hace parte Norma— a escritores, colaboradores y agentes literarios era corto, seco y contundente. Allí se anunciaba que Carvajal concentraría sus esfuerzos en ofrecer productos y servicios al sector educativo y que por ello desinvertiría en las líneas que no hicieran parte de ese mercado. Desinvertir significa que Norma no volverá a contratar novedades, pero seguirá distribuyendo los libros de su fondo hasta finales del 2012. Además, mantendrá la publicación de textos escolares, literatura infantil y juvenil, y de gerencia, cuya participación en la facturación del año pasado sumaba un 20% —sin contar papelería que alcanzó el 73%— mientras que las líneas que van a cerrar llegaban solo al 3%. La desinversión —se lee en el comunicado— representa menos del 1% de los activos e ingresos de Carvajal Internacional, lo que supone una decisión sin dolor para la multinacional. Por lo menos desde la perspectiva de las cifras.

El cierre no causó la sorpresa esperada: en Twitter, por ejemplo, apenas si fue comentado. ¿Cuál es el motivo? Guardadas las proporciones, los cien años recién cumplidos de la editorial francesa Gallimard merecieron más de una primera plana. En este caso, solo hubo un par de menciones —el Encuentro de Narrativas de Realidad, organizado en Buenos Aires, desvió su tema de debate ante la preocupación de algunos de los escritores asistentes por el cierre de Norma— lo que no deja de llamar la atención, sobre todo si se tiene en cuenta que hace menos de un mes se anunció que el escritor mexicano Ignacio Padilla había ganado el Premio La Otra Orilla de Norma (a propósito, la editorial va a imprimir y distribuir la novela de Padilla, El daño no es de ayer). La respuesta al desconcertante desinterés quizás tenga que ver con lo lejana que se ve la época dorada de Norma, que comenzó en los años noventa cuando se inauguró la línea de Literatura y Ensayo de la que hicieron parte colecciones como La Otra Orilla, Cara y Cruz, Milenio y Vitral. Sí, Colombia es un país sin tradición lectora. Sí, se leen 1,6 libros al año, mientras que en Japón, 47 y en Argentina, cuatro. Sí, se venden los mismos 2500 ejemplares. Sin embargo, no era extraño encontrar un libro de Cara y Cruz en el pupitre de cualquier estudiante de colegio; más de uno descubrió a poetas como José Watanabe y Eugenio Montejo gracias a la colección de poesía y muchos descansaron con las traducciones de La Otra Orilla, hechas en Colombia y no en España, en las que un tonto es un tonto y no un gilipollas. “Norma fue la única empresa colombiana que peleaba en las grandes ligas de la edición y sirvió para que se desarrollaran proyectos editoriales importantes en América Latina —comenta Moisés Melo, antiguo gerente de Literatura y Ensayo de Norma—. Además, fue una escuela de editores, de traductores y formó a jóvenes en la literatura de manera similar a como lo hizo el Fondo de Cultura Económica con los lectores de ensayo hace cuarenta años”.

Cuando Melo ingresó a Norma, en 1987, la editorial llevaba veinte años haciendo libros de texto, gerencia e infantiles (curiosamente las mismas líneas que va a tener ahora) y recién había incursionado en el mercado de los pop-up. A comienzos de la década de los noventa, empezó una expansión internacional que veinte años después la llevaría a tener presencia en doce países de América Latina, producción editorial en ocho países y plantas de producción en cuatro. Como parte de esa expansión, se crearon las gerencias de Interés General y Literatura y Ensayo. En 1991, esta última lanzó la colección Cara y Cruz, el nombre se lo puso William Ospina, quien pasaría a ser uno de los autores más cercanos a la editorial y cuyo agente literario hoy, Guillermo González, afirma que ya están en conversaciones con otras casas para ceder los derechos del escritor. El primer libro publicado por Cara y Cruz fue María de Jorge Isaacs, y desde entonces, se hizo célebre el modelo doble de los libros de la colección: por un lado está la obra y por el otro, un ensayo y una cronología que incluye biografía del autor y hechos literarios e históricos.

Cara y Cruz, dirigida a los lectores jóvenes, surgió en un tiempo en que la educación en Colombia cambiaba. Ya no se trataba de impartir un canon ni había una verdad absoluta sobre la obra literaria, los ensayos, encargados a académicos colombianos, se ajustaban a ese nuevo modelo. La colección también tuvo una línea de filosofía con cerca de 20 títulos. Consuelo Gaitán, la editora de Cara y Cruz filosofía, destaca las traducciones realizadas por colombianos. De hecho, no hay un solo editor que haya pasado por Norma que no mencione la labor de los nuevos traductores que rompió con la desastrosa tradición española. Aparecen nombres como Nicolás Suescún, Elkin Obregón, Carlos José Restrepo, Hernando Valencia Goelkel y Héctor Abad Faciolince, que colaboró con algunas traducciones del italiano. La estupenda edición de las obras completas de Shakespeare es una muestra.

En 1990 Norma lanzó La Otra Orilla, la colección de literatura contemporánea más recordada y leída de la editorial, bajo la dirección de Rodrigo de la Ossa, hoy en Santillana. Los primeros libros de la colección fueron La visita en el tiempo de Arturo Uslar Pietri y Amirbar de Álvaro Mutis que se lanzaron en simultánea en la Biblioteca Luis Ángel Arango, en un evento al que asistieron los expresidentes Alfonso López Michelsen y Belisario Betancourt. Siguieron cientos de autores, entre otros los colombianos Tomás González, Andrés Caicedo, Juan Gabriel Vázquez, Evelio José Rosero y William Ospina —sobre este último, María del Rosario Aguilar, editora de la colección Vitral, recuerda que en una portada apareció William Opina. “Tuvimos que recoger todo y mandar a picar”—. La Otra Orilla publicó a Bufalino, Bioy Casares, Fonseca, Soriano, Roa Bastos, Bashevis Singer, Appelfeld, Piñón, Giardinelli, Le Clezió y Kawabata.

Carmen Barvo, directora de Fundalectura y exeditora de Literatura y Ensayo, comenta que cuando salió La historia de mi hijo de Nadine Gordimer, se dieron cuenta de que el libro tenía errores de composición por un proveedor externo que empezaba a digitalizar y cambiaba los signos ortográficos. Mientras lo recogían les avisaron que la escritora sudafricana había ganado el Nobel. Lo reimprimieron y se terminaron vendiendo 20.000 ejemplares. Moisés Melo menciona el caso de Las cenizas de Ángela, la novela de Frank McCourt, cuyos derechos costaron 4000 dólares y vendió más de un millón de copias. Y están las historias de García Márquez y Álvaro Mutis. Del amor y otros demonios vendió 250.000 ejemplares en un año e Ilona llega con la lluvia, 60.000. “Con Carmen Balcells (la famosa agente literaria) se negociaba comiendo —cuenta Barvo—. Los derechos de Mutis los adquirimos en un desayuno en el Hotel Plaza de Nueva York”. Arcadia se comunicó con Gloria Gutiérrez, directora de la agencia Carmen Balcells en Barcelona, quien no dio declaraciones respecto al cierre.

Otras dos colecciones que dejaron huella en Norma fueron Vitral y Poesía. La primera, a cargo de María del Rosario Aguilar, llenó un espacio prácticamente vacío en Colombia con cerca de ochenta títulos sobre ciencias sociales. La segunda —cuenta su editora Claudia Cadena, desde su apartamento en Buenos Aires— publicó textos de poetas como Ferreira Gullar, Derek Walcott, Raúl Gómez Jattin, Héctor Rojas Erazo y Salvador Espriu.

El tamaño justo

Otro de los motivos para que el cierre de Norma pasara inadvertido tiene que ver con que, de alguna manera, se veía venir. Hay quienes aseguran que la expansión fue un mal paso para la editorial que, en su mejor momento, generó entre cuatro y cinco millones de dólares y publicó seiscientos títulos al año y recibió propuestas de compra de Planeta y Random House Mondadori. Pero la expansión no contó con la infraestructura necesaria para prosperar. Si a eso se suman decisiones riesgosas como elevar el Premio La Otra Orilla de 30.000 a 100.000 dólares, pagar anticipos altísimos a autores como Bioy Casares y Le Clezió y descuidar las relaciones con los libreros independientes, el resultado era inevitable. La clave parecería estar en la frase de Ricardo Obregón, presidente de Carvajal Internacional: “O uno es muy grande o uno es chiquito, pero nosotros estábamos en un punto medio donde ni teníamos la billetera para apostarle a los grandes, ni estábamos en plan de hacer crecer autores pequeños”. Gladys Regalado, presidenta de Carvajal Educación concuerda: “Los números no nos dieron. Fue un problema de escala: las apuestas eran cada vez más grandes y nunca se llegaron a recuperar”.

Es cierto. “Este negocio ya no da para andar en limosina”, comenta Felipe Ossa, gerente de la Librería Nacional. También es cierto que el mercado de los libros de texto supera con creces al de libros de literatura —en el primer caso, la editorial es dueña de los contenidos, mientras que en el segundo solo adquiere los derechos del autor por un determinado tiempo— y, aun así, el cierre de Norma por lo menos plantea un par de inquietudes sobre el futuro de la edición en Colombia. O debería. “El cierre de cualquier empresa productora de bienes culturales, es malo. De una empresa productora de libros, es pésimo. De Norma, que se caracterizó por muchos títulos de importancia y autores de primera línea, es desastroso”, dice Conrado Zuluaga, director de Editorial Panamericana. Ana Roda, directora de la Biblioteca Nacional y antigua editora de Norma agrega: “Norma participaba en las grandes ferias internacionales, compraba derechos, encargaba sus propias traducciones, circulaba sus publicaciones en América Latina. ¿Qué más se puede decir? Una verdadera lástima”.