jueves, 26 de marzo de 2015

Semblanza del escritor argentino Pablo Hernán Di Marco

Estamos sentados en uno de los más bellos lugares para tomar café, en la calle Corrientes de Buenos Aires, con el Obelisco de fondo como señal de que sí estoy en la tierra del tango y del fútbol (y ahora del Papa). Y para hablar, por supuesto. Pablo Hernán, tal como lo intuía, es un hombre jovial, amable, con esa sonrisa de hombre latinoamericano que lo hace especial e irrepetible -debo decir también que Pablo Hernán se ha convertido en mi guía por estas calles, antes de continuar mi viaje hacia el sur, hacia donde deseo extraviarme por mucho tiempo en búsqueda de un amor casi que imposible pero maravilloso-. Así que iniciamos esta amena conversación con un mate (quien lo creyera), pues mis amigos saben que cambiar un café es como ir contra mis principios.


Tu novela Tríptico del desamparo, obtuvo en el 2012 el premio Internacional de la Bienal de Novela José Eustasio Rivera, en Colombia. Desde ese día a la fecha, ¿cómo son tus horas, qué ha pasado con tu vida y tu literatura, cuál fue tu sensación al recibir el premio?

     P: Hacia el afuera cambiaron varias cosas: ganar el premio, lograr publicar un libro que llevó tres años de trabajo, viajar a Colombia, compartir momentos y aprender de gente sensacional como Luz Mary Giraldo, Marco Tulio Aguilera e Isaías Peña entre tantos más, la posibilidad de publicar  en España… Escribir no es nada sencillo, por lo tanto las caricias son siempre bienvenidas. Pero hacia el adentro no cambió nada: sigo siendo un tipo que se pone a escribir cada vez que tiene la oportunidad de estar un rato solo. De no haber publicado un solo libro seguiría adelante con la misma rutina. ¿Qué más podría hacer?
     La sensación que tuve al recibir el premio fue de agradecimiento. En ningún orden de la vida el que gana es el mejor, y mucho menos si hablamos de literatura. Ganar un concurso, como publicar un libro, es siempre un pequeño milagro. Y hay que celebrarlo como tal.
         
     Desde el premio, tu vínculo con Colombia y muchos de sus autores, se ha fortalecido. ¿A qué obedece esa comunión, tan grata, que permite que vayas y vengas, pues aparte de ello fuiste jurado de la pasada Bienal Internacional de Novela?

     P: Con el correr del tiempo descubrí que el diploma, la edición del libro y el dinero terminaron siendo secundarios. Lo mejor de obtener la Bienal fue haber ganado infinidad de amigos colombianos, tantos que no tengo modo de nombrarlos en este espacio, ellos saben quiénes son. Y el que me hayan propuesto ser jurado de la Bienal a fines de 2014 me permitió volver a Neiva y a Bogotá para profundizar todavía más ese vínculo. Hace poco una amiga de Bogotá me dijo que yo ya era medio colombiano. Solo pude sonreír y decir orgullosamente que sí. Por supuesto que sí.

     La novela no solo fue publicada en Colombia, también en España. ¿Haber obtenido el premio colombiano, te ha servido para lograr publicar con la editorial española Palabras de agua? ¿Cómo diste ese paso? Indudablemente la magnífica historia de Tríptico del desamparo es la esencia de todo.

     P: De seguro que ganar la Bienal fue una gran carta de presentación a la hora de vincularme con una editorial española. Pero nunca hay que olvidar que un premio literario es apenas un envase brillante que no necesariamente contiene un interior valioso. Esto es algo que no deberían olvidar ni los lectores ni todos lo que integran el competitivo y cruel mundo de los libros. En definitiva, lo único que tiene valor es la historia que cuenta el libro.

     ¿Cómo es un día en la vida de Pablo Hernán Di Marco? Tu proceso de escritura, tus influencias, la vida en Buenos Aires…
   
     P: Me sucede algo extraño: desde que nació mi hijo a fines de 2012 siento que no soy otra cosa más que padre. Puedo pasar horas y horas trabajando, escribiendo, corrigiendo escritos propios o ajenos, pero ante todo soy papá. No sé si le pasa lo mismo a todos los hombres, tal vez tenga que ver con que tengo la suerte de poder pasar muchas horas al día con mi hijo. Por lo tanto mi vida gira en torno a sus horarios y necesidades. Y en cada rato libre me lanzo a hacer lo que te decía antes: trabajar, escribir, reescribir, y corregir escritos propios y ajenos.
     Me preguntás por mis influencias, más que de influencias prefiero hablar de obras que admiro: Los miserables es una referencia permanente a veces creo que ese libro contiene todos los libros El jardín de los Finzi-Contini, El gatopardo, Ficciones y El Aleph, La Biblia, algunas cosas de CoetzeeTambién tengo un amigo y maestro que no deja de regalarme herramientas que me son enormemente útiles a la hora de hacer de mi escritura una escritura mejor: Marcelo di Marco.

     ¿Cuáles son tus proyectos literarios de momento, hacia dónde apuntas con tus libros e historias? Las horas derramadas, ¿cuál es el centro, el motor de la historia

P: Pensaba tomarme un tiempo de descanso en lo que a escritura se refiere, ya que había quedado exhausto después de corregir a fines de 2014 mi novela Espiral (lo que en un principio imaginé un trabajo menor se volvió una reescritura total de la novela que, tras dos años de esfuerzos, creció de 130 a 450 páginas). Pero es imposible librarse de esta hermosa locura, así que por estos días me subí a un nuevo proyecto: voy a coescribir una novela con la escritora colombiana Victoria de Hoyos. Supongo que no va a ser sencillo escribir a cuatro manos, pero los dos estamos convencidos de tener una gran historia entre las manos.
   Las horas derramadas es una novela que quiero mucho. Es la historia de amor entre dos ancianos al borde de la muerte. En tiempos en que los que pareciéramos estar viviendo una dictadura de la juventud a mí me gusta contar los amores y dolores de los viejos. Espero se publique este año.

     Los autores de nuestra generación conocemos el devenir de las casas editoriales como Planeta, Alfaguara, Anagrama, lo que publican y a quienes publican. ¿Qué piensas de ese círculo tan cerrado, de ese marketing que se maneja para ciertos autores, aunque no siempre sean los mejores?
    
     P: No quiero caer en la vulgaridad de criticar por el mero hecho de estar fuera de ese círculo. Las que nombrás más allá de su tamañoson editoriales como todas. A veces publican literatura, otras veces publican papel higiénico. Pero sí hay una cuestión que me despierta vergüenza: las editoriales que organizan premios literarios con el único fin de premiar a autores “de la casa”. Me apena el modo en que le faltan el respeto a los cientos de escritores que gastan fortunas en correo y fotocopias enviando sus manuscritos a esos concursos. El lector no tiene por qué estar al tanto de estas cuestiones, pero sería bueno que el periodismo literario a la hora de reseñar las novelas ganadorasno sea cómplice de semejante payasada.

     Finalmente, ¿Crees en la transparencia de los premios literarios? Por lo menos yo sí considero que con la Bienal José Eustasio Rivera, en cabeza del doctor Guillermo Plazas Alcid, esto pasa, pues como tú tuve esa fortuna de ganar el premio en el 2010; pero, ¿crees que sucede igual con otros concursos literarios? En materia de eventos, ¿cómo ves a Argentina?

      P: Como decía mi abuela: “Hay de todo en la viña del Señor”. Hay concursos  limpios, hay concursos sucios, y hay otros que se van adaptando a la situación según lo que convenga. Tuve la fortuna de ganar dos concursos, perder más de veinte y ser jurado en uno, así que alguna experiencia tengo. Algún día tal vez escriba algo en torno a ello. Sé de autores conocidos y reconocidos que son capaces de entregarle su vida al diablo a cambio de ganar un concurso menor. Conozco a varios de ellos y te aseguro que cuando me los cruzo evito darles la mano.  

     Por desgracia no hay demasiados concursos de novela en Argentina: tenemos el Premio Clarín (que acaba de ganar el muy buen escritor colombiano Daniel Ferreira), el Fondo Nacional de las Artes y hasta donde yo séno mucho más. Es un pena: a la mayor parte de los escritores argentinos ya ni siquiera les está quedando la esperanza de poder publicar. 

*Para leer más sobre su novela Las horas derramadas.

martes, 1 de julio de 2014

Sobre una pensión que no llega. Viacrucis del escritor Flóbert Zapata


Leo un artículo: la lentitud es la debilidad del cocodrilo. Lo dice Dave Salmoni como experto que es de la vida natural. Entonces, de inmediato, mi cerebro trae las palabras, las tristes palabras del maestro Flóbert Zapata respecto a lo que le sucede con su anhela, luchada y ganada pensión, ante la indiferencia de una institución del Estado que se niega a responderle una simple petición, tal como al coronel de Gabo que todos los días muere poco a poco de esperar en mitad del sopor caribeño una pensión que nunca llega. Flóbert escribe en su blog: 
"No tengo nada, ni siquiera me han notificado la pensión. Como consecuencia de toda esta incertidumbre se desordenó mi vida, volví a fumar en exceso, estoy endeudado, he perdido toda motivación, pongo en venta en este instante mi biblioteca, comenzaré a vender objetos personales (empiezo con el televisor Simply pantalla plana), y solucionada esta situación, si se soluciona, abandono la ciudad de Manizales, me voy a otra donde no traten tan mal a un escritor porque lo es de veras".
¿Es la lentitud la debilidad del cocodrilo? Sí, lo es, y lo es también del gobernante que no escucha, que calla ante el suplicio de su pueblo, ante las palabras del escritor que se consume por la falta de respeto y de resolución. Señor alcalde de Manizales, ¿sabe usted de esto? Juliana, tú que conoces de las causas sociales, dile a tu esposo que esto sucede con un gran y buen escritor caldense, dile que revise el caso o que le pregunte a su aparato jurídico por lo que pasa. No guarden silencio, que alguien diga algo, que alguien responda, que horrible que debamos acudir a estos mensajes y llamados al orden para que suceda algo positivo. 
Desde este lugar del mundo donde me encuentro, me uno a la protesta del maestro, a su clamor, y convoco a los artistas caldenses, colombianos y del mundo entero para que no se repita tanto la mala historia. Juliana, esposa de Jorge Eduardo, primera autoridad del municipio, tú conoces de poesía, lee a Flóbert, conócelo, y únete a esta causa que nos duele en el centro del corazón.
No esperemos que Flóbert termine raspando el fondo de un frasco de café como el buen coronel, porque la lentitud del cocodrilo también puede ser el arma de la indiferencia de unos cuantos funcionarios que parecen ciegos y sordos ante un derecho adquirido, ante el mínimo vital de vida de un hombre que por ahora solo tiene la palabra de su lado y amigos como yo que elevan su voz para protestar por lo que le pasa. 

viernes, 16 de mayo de 2014

Noticias literarias que matan (sobre el premio de novela anunciado este año por el Ministerio de Cultura)


"Temporal" (Tomás González), "La carroza de Bolívar" (Evelio Rosero), "El incendio de abril" (Miguel Torres), "Casablanca la bella" y "El cuervo blanco" (Fernando Vallejo).
Son las cinco novelas finalistas del Premio Nacional de Novela 2014, informó el Ministerio de Cultura.

Con esta noticia, el país conoció el pasado 7 de mayo los finalistas al premio de Novela convocado este año por el Ministerio de Cultura a obra publicada. Por supuesto, cuando conocí las bases, cuando supe del monto económico, supe de inmediato que no se lo ganaría ningún desconocido, que no se lo ganaría nadie que hubiese publicado en una editorial independiente. Si vemos, los autores gozan del prestigio del público lector, son buenos, y son buenas también sus casas editoriales. Tal como vamos, un colombiano que no publique con editoriales de gran calado, difícilmente logrará alzarse como ganador de un estímulo que pareciera tener nombre propio, o mejor, que pareciera haber sido pensado para caer en las manos de aquellos autores que se pueden dar el lujo de vivir moderadamente de los libros. Seguiremos siendo inéditos entonces, por más que una editorial independiente nos publique. 


Y estas son las novelas nominadas, que espero no resulte ganador don Fernando Vallejo, porque ya sabemos adónde irá a parar el dinero con el que soñamos ganar tantos escritores de oficios varios:

"Temporal" de Tomás González: según el jurado “es, a un mismo tiempo, una novela de encierro y una novela a cielo abierto. Transcurre en el mar, en la intemperie, a merced de una tormenta, pero a la vez en la estrechez de un bote del que no es posible salir. Tomás González se vale de una circunstancia así para que un padre y sus dos hijos concentren y desplieguen ese cúmulo de intensidades que no puede sino remitir a los tonos de las tragedias, tonos que González evoca a la perfección”.

"La carroza de Bolívar" de Evelio Rosero: por ser, de acuerdo con el jurado, “la más audaz estructura narrativa pues es un desafío a la ‘novela histórica’, que el autor logra sacar adelante con mucho brío. Es una novela, obra literaria de ficción, que se sostiene más allá de la interpretación y ‘recreación’ histórica. A la audacia de la estructura hay que añadir la demostración magistral del carnaval en la tercera parte del libro”.

"El incendio de abril" de Miguel Torres: porque es “la mejor novela sobre El Bogotazo. Dividida en tres capítulos, revive esas horas terribles sin consentirse una sola opinión. Aunque sea un lugar común, no es capaz uno de cerrar el libro hasta llegar al final. Final abierto, como se dice. Esperamos la tercera parte”, manifestó el jurado.

"Casablanca la bella" de Fernando Vallejo: porque se trata de “una obra escrita con la lucidez y el estilo torrencial propios de Fernando Vallejo, en la que el protagonista (probablemente el propio autor, pero eso es anecdótico para el caso) conmueve al lector con su desesperada búsqueda por los lugares de la infancia. Esos lugares ya no existen o se han transformado hasta volverse irreconocibles. Esa búsqueda es especialmente dolorosa si se considera que el protagonista es un ser destruido por dentro, solo, lleno de conflictos y ajeno a los cánones morales de la sociedad. En suma, un libro feroz, y en muchas ocasiones de un sarcasmo hilarante, sobre los intentos de recuperar el tiempo ido”.

"El cuervo blanco" de Fernando Vallejo: porque relata la historia de “un hombre llega a un cementerio en busca de las huellas de otro hombre; y a partir de una lápida (la de Ángel Cuervo), reconstruye la vida dedicada al saber de Rufino José Cuervo. La narración se mueve entre el santo observado y el pícaro observador, hagiógrafo, tanatólogo y cazafantasmas. A partir de este contrapunto, el escritor, Vallejo, disfraza la diatriba de dato histórico, el dato histórico de comentario sociológico, la opinión de documento, y se sirve de todas las herramientas a su alcance —en particular de los múltiples registros del Español— para narrar el enfrentamiento constante entre el hombre y el mundo que lo rodea (tema central de la novela como género), entre un ideal poderoso y la imperfección de la realidad”.

martes, 6 de agosto de 2013

Un poeta en busca de su montaña sagrada

Recientemente, el periódico virtual Con-Fabulación, publicó una semblanza que del poeta de Riosucio (Caldas), hiciera el otro también bardo, Omar García Ramírez. Cuando uno se encuentra con palabras como las que he decidido transcribir más abajo, me invade una sensación de alivio, de bienestar, de una magia sutil y permanente toda vez que es justo el reconocimiento a hombres de la casta de Conrado Alzate, un hombre que tiene la palabra decantada a flor de piel, incluso en sus gestos o expresiones; un hombre de sabiduría y de un desinterés por las cosas que hace al meter las manos al fuego por sus amigos, por rescatar la cultura literaria de un olvido en el que los últimos gobiernos de Caldas la han sumido. Para el poeta y amigo Conrado, saudades por todo aquello que hace desde el púlpito de la palabra; y para el poeta y amigo Omar, gracias por decir lo que dice con esa solemnidad propia de quien conoce lo que es ser honorable y respetuoso en estos tiempos en que poco importa el prójimo. Un abrazo fraternal a ambos. Los dejo con el texto de Omar García.

Por Omar García Ramírez
 
Conrado Alzate Valencia, escritor caldense de cultivada y refinada vena lírica, sabe que una de las razones del poeta en estado de gracia es dar testimonio de fe. Su pagana religión, su eco-hábitat sacralizado, es la tierra. Habla el poeta a las nuevas generaciones como un viejo chaman hablaría a sus jóvenes iniciados, invitándoles a la maravilla y al poder mantico del árbol, del río, del bosque y la montaña. Con un lenguaje en donde el panteísmo iluminado por las ideas de Leadbeater dibuja las ondinas y los pequeños dioses protectores que respiran entre los amaneceres y los ocasos de nuestras montañas.
Requiere la poesía de germinadores del sueño, de inspiradores del mito, de continuadores de la literatura oral de los ancestros. Conrado asume esta tarea con presteza y la hace diáfana y grácil, poderosa y mágica. Los elementales del bosque encuentran en él a su guardián que como poeta maduro de tierras de montaña, empuña su callado y cala su sombreo al emprender la senda de los que hablan a la montaña en el lenguaje de las formas arquetípicas, los sonidos magnéticos y los murmullos vegetales.
Este libro de “Poemas Ecológicos” debería darse a conocer en las escuelas y colegios de nuestro país, ya que el bullicio de los medios masivos de alienación, ha apartado a los jóvenes del esfuerzo físico del camino a la montaña, de la lluvia que golpea la cara de los caminantes, de las estrellas que alumbran las noches de los que van al encuentro de la Madremonte, el Duende de la montaña sagrada y el Mohán de las cuevas lacustres.

El poeta peregrino, arma una fogata al final de su jornada y habla para que el espíritu del fuego fraterno forje la hermandad del bosque. Ya lo había descrito en clave hermética Thomas Mann en su “Montaña Sagrada”, el hombre en la soledad de la montaña encuentra la plenitud del mundo, su propia cara, los múltiples espíritus  ––de horror supranatural, de beatifica iluminación–– que se manifiestan en las rudas pruebas del buscador, del iniciado.
Conrado Alzate Valencia, escritor de acrisolada cultura, tradición y oficio; poeta que ha ejercitado su espíritu y refinado su ministerio, en los retiros a las montañas colosales del gran Caldas y el Eje cafetero Colombiano, y que a la manera del gran Thoreau, ha construido con sus manos su frágil cabaña de meditación, su tienda de campaña iluminada por las estrellas que cantan y danzan bajo en el silencio del mundo;  nos regala, engastadas entre el musgo verde de estas poesías; leyendas y fábulas que se perdieron bajo el ruido de la civilización y de la vida urbana.
Una vez de regreso lo encontré y le pregunté: ¿Poeta de dónde viene?
Con su cara broncínea y su barba de ermitaño, hermano del animal totémico, aureolado por el duende, me respondió: “De encontrarme con mi soledad en la naturaleza, pero todo en mi canta”.

 
MONÓLOGO DE LA SEMILLA 



Veo el espíritu del bosque creando, 

sopesando la raíz, la savia, el tallo

y las hojuelas de una nueva creación.



Veo una pequeña fábrica de oxígeno, 

de flores, de mariposas y de frutos.

Veo un árbol feliz como los seres del río.

 
Veo la tierra y el agua que me nutrirá,

un jaguar dormido en mi sombra

y los pájaros de la tarde en mis ramas.  
 

Texto original publicado en la revista Con-fabulación

martes, 20 de noviembre de 2012

Comunicado de las Editoriales Independientes Colombianas contra el favorecimiento estatal a los grandes monopolios del mercado del libro


La Red de Editoriales Independientes Colombianas, presenta su rechazo a las recientes decisiones de compra de libros por parte del Estado colombiano mediante el denominado Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas (PNLB), de acuerdo con los listados elaborados por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, en los cuales la industria editorial colombiana y en particular la industria editorial independiente, resulta vergonzosamente maltratada, en contradicción con los lineamientos originales del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas consignado en el documento CONPES 3222 del Departamento Nacional de Planeación, el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Educación Nacional (versión aprobada en Bogotá, D. C., el día 21 de abril de 2003). El mencionado documento establece que, entre otras disposiciones:

“[…] Esta política [la nacional de lectura y bibliotecas] busca hacer de Colombia un país de lectores y mejorar sustancialmente el acceso equitativo de los colombianos a la información y al conocimiento mediante el fortalecimiento de las bibliotecas públicas, la promoción y el fomento de la lectura, la ampliación de los sistemas de producción y circulación de libros […]”.

En cuanto al fortalecimiento de la industria editorial y la circulación del libro, consigna que:
 
“[el] PNLB busca diseñar y poner en marcha, conjuntamente con otros organismos públicos, asociaciones civiles y empresas del sector privado, programas y estrategias para incrementar la producción y circulación de los libros y demás material bibliográfico en Colombia. De esta manera, se busca contribuir al cumplimiento de los objetivos de la Ley 98 de 1993, la cual dicta normas sobre democratización y fomento del libro en Colombia, y superar las limitaciones de acceso que presenta el mercado editorial, especialmente para las poblaciones más vulnerables y más alejadas del centro del país”.

El citado documento, en otro de sus apartes, señala:
 
“[…] Una de las estrategias a ser adoptadas está dirigida a fomentar la producción de colecciones bibliográficas de circulación masiva y bajo precio, para lo cual se incentivará la activa participación del sector editorial, como actor fundamental en el proceso de ampliación de la oferta editorial nacional”.

No obstante estos preceptos, la comunicación dirigida por el Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo (FONADE), a los proveedores del PNLB el día 22 de agosto de 2012 (Convenio 212002, año 2012), establece compras de libros, así:

• De los $1.469.441.400 (el total de la disponibilidad para compra), el 83% de estos recursos (es decir, $1.219.409.400,oo) los destina a diez proveedores en un listado de veinte, en donde las empresas que se llevan la “tajada” más grande son ocho editoriales extranjeras. Solamente hay dos editoriales colombianas en este grupo.

• Entre el destino de la compra restante por $252.291.590 aunque aparecen algunas editoriales colombianas, son nueve las que arrasan con el 50% de los recursos, dejando así solo un 2,43% para cinco de las editoriales pertenecientes a la Red de Editoriales Independientes Colombianas. Y debemos señalar que, de no ser porque a una de ellas se le hizo una compra “significativa”, las otras cuatro únicamente sumarían una participación de 0,03%. También debemos resaltar que a las editoriales de la REIC solo se les hizo solicitud para dos o tres títulos en una ínfima cantidad de tres ejemplares por cada uno, mientras que a las editoriales del primer grupo se les solicitaron 760 ejemplares por título.

De acuerdo con lo expresado, las editoriales Independientes Colombianas, MANIFESTAMOS que:

Las editoriales integrantes de la REIC a las cuales se les incluyó dentro del pedido, han decidido cumplir con la entrega al PNLB de los ejemplares solicitados. No obstante, la REIC considera que dicho interés de compra constituye una limosna no solicitada, y que los pocos títulos elegidos no reflejan ni en mínima parte la diversidad de nuestra producción editorial independiente.

• Esta situación es contraria a los derechos legítimos de los editores colombianos, y constituye una oportunidad para expresar nuestra protesta y exigir que dentro de las disposiciones de la Ley del Libro se establezca una protección a la industria editorial independiente colombiana.

• Las bases de datos que sustentan la selección de compras estatales en las bibliotecas públicas en todos los niveles deben alimentarse y actualizarse regularmente con la totalidad de los catálogos de las editoriales independientes colombianas.

• Esperamos que otras entidades gubernamentales, como las secretarías de Cultura de las ciudades y los municipios, no obren como en la práctica lo hacen las instituciones encargadas del PNLB, y en verdad actúen con criterios que respalden los planes de lectura y desarrollo de la edición independiente colombiana y todos sus eslabones.

• Debe ser designada una veeduría ciudadana, activa y decisoria, compuesta por integrantes del sector del libro y la lectura (no solo de la Cámara Colombiana del Libro sino, así mismo, de la Red de Editoriales Independientes Colombianas, de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes, de los departamentos de Literatura y Comunicación Social y afines de las universidades, de la asociación de los editores universitarios asociados y demás), que asegure la transparencia en los criterios de selección de los títulos destinados al PNLB.

Se firma en la ciudad de Bogotá, Colombia, a los veintiún (21) días del mes de septiembre (Día de la Bibliodiversidad) del año 2012.

Solicitamos a la comunidad de editores independientes, autores, libreros, estudiantes y profesores, lectores, impresores y demás integrantes de la cadena del libro y la lectura y, en general, a toda la opinión pública, respaldar este comunicado y apoyar las peticiones que en él se consignan.

jueves, 10 de mayo de 2012

Publicación en E-book de El juego de Archer

Deseo compartir con ustedes, amigos, escritores, lectores, seguidores, que la prestigiosa editorial española Amarante, acaba de publicar mi novela El juego de Archer, obra con la que en el 2010 obtuve el XII premio nacional "José Eustasio Rivera". Esta novela estará a partir del momento a su disposición en la web como E-book. Solo deben ingresar a los links que más adelante relaciono, y realizar el trámite para descargarla por un valor no superior a los tres euros. De este modo entramos al mercado de los libros virtuales, como están haciendo tantos autores, incluido nuestro queridísimo premio Nobel Gabriel García Márquez. Una buena oportunidad para aquellos que no han leído aun la novela, ya que no se consigue en formato impreso. Gracias por su apoyo.



martes, 3 de abril de 2012

UN PAÍS QUE SUEÑA

Recientemente, la poeta colombiana Lauren Mendinueta, radicada en Portugal desde hace varios años, hizo el lanzamiento de la Antología UM PAÍS QUE SONHA (cem anos de poesia colombiana, con el apoyo y traducción del poeta portugués Nino Júdice. Aquí deseo dejarlos con las palabras de presentación del libro, con la voz de Lauren que cada vez se incendia como los astros que nos guían en la noche. A ella, como colombiano y compañero de oficio, un VIVA por su trabajo y por lo que hace en la diáspora a favor de las letras nacionales.

PRÓLOGO DE LAUREN MENDINUETA. 


Cuando llegué a vivir a Lisboa nada me había anticipado el gran amor que llegaría a sentir por esta ciudad, por este país. Para mí Portugal se resumía a un puñado de referencias literarias. Lo había encontrado en Los Maias de Eça de Queirós, en algunas de las novelas de José Saramago y, por supuesto, en Fernando Pessoa, ese gran poeta del siglo XX tan leído y apreciado en Colombia. Ellos y otros autores portugueses me hicieron soñar con esta luz perfeita e exacta , pero ninguno me preparó para lo que significaría mi encuentro con el país. Cinco años después puedo decir que mudar mi residencia de España para Portugal fue la decisión más importante de mi vida adulta. En conversaciones con amigos solemos decir que Portugal es el secreto mejor guardado de Europa. Un país rico arquitectónica y culturalmente, poseedor de una geografía sugerente y un clima envidiable, en el que el visitante siempre se sentirá bien acogido. La lengua de Camões es dulce y melódica. Para nosotros, los extranjeros, suena como el murmullo de un riachuelo y posee el irresistible atractivo del canto de las sirenas. Aprender portugués no es fácil, pero una vez sumergidos en su corriente, seducidos por sus encantos, nos sentimos deseosos de anclar para siempre en sus puertos. La sola mención del canto de las sirenas me recuerda que Ulises es el fundador mítico de Lisboa. ¿Quién otro podría haber fundado este puerto sino el navegante de Ítaca? Con excepción de la poesía brasileña, la lírica latinoamericana es poco conocida en Portugal. No abundan las traducciones al portugués europeo y las antologías son inexistentes. Con esta edición Colombia es el primer país de la América Hispana que presenta un conjunto significativo de sus poetas al público luso.

Esta antología se llamó durante casi todo su proceso creativo Cien años de poesía colombiana (1865-1965). Ya entrados en la etapa de edición nos pareció que el verso de Aurelio Arturo “este poema es un país que sueña” resumía mejor el espíritu del libro, entonces decidimos cambiar el título por Un país que sueña . Con ello deseamos también rendir homenaje a uno de nuestros más grandes poetas. 

Dos criterios seguí para la realización de esta antología. El primero me lo impuso el tiempo. Los autores aquí reunidos nacieron entre 1865 y 1965. La primera fecha no es para nada arbitraria, coincide con el nacimiento de José Asunción Silva, el más importante de los poetas colombianos. El límite lo impondría la medida de un siglo. Este lapso de cien años me permitió presentar un panorama bastante extenso que incluye poemas publicados desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. El segundo criterio fue mi gusto personal. 

Colombia, como Portugal, es un país de poetas. La presente no es una antología crítica ni exhaustiva. De haber sido crítica habría contenido menos autores, de haber sido exhaustiva tendría necesariamente que incluir muchos más. 
Mi objetivo fue desde el principio reunir en un solo volumen aquellas que considero las más bellas poesías colombianas. Esta es, pues, una antología de poemas y no de poetas. Están aquí reunidos trabajos de autores muy dispares entre sí, grandes poetas y poetas menores, poetas cultísimos y poetas populares. En sus versos se encuentra representada buena parte de la memoria lírica de mi país. Sólo lamento que el criterio impuesto por las las fechas me haya impedido mostrar el trabajo de creadores más jóvenes como Yirama Castaño, Luis Felipe Robledo, Fredy Yazzed López, Marta Carolina Dávila, Rodolfo García, Federico Díaz-Granados, Andrea Cote, Larry Mejía, Giovanni Gómez, Jonh Better, Adrián Pino Varón, John Jairo Junieles, Saúl Gómez Mantilla y Lucía Estrada, entre otros. Espero que en un futuro cercano se pueda publicar un segundo volumen que permita completar el panorama de la poesía colombiana actual. 

La poesía podría definirse como un espejo en el que se refleja la sociedad. Por supuesto, como sociedad no siempre nos reconocemos en la imagen reflejada. El rostro que aparece sobre la superficie pulida puede antojársenos más bello o más feo que el original, pero misteriosamente siempre será fiel. Las relaciones entre historia y literatura son complejas. De las épocas más oscuras pueden surgir las más luminosas obras de arte. Este libro es la constatación de ese extraño fenómeno. La gran mayoría de los poeta aquí antologados fueron afectados en sus vidas, y por lo tanto en sus obras, por dos siglos de guerras civiles y conflicto armado . Sin embargo, lejos de agonizar, la poesía colombiana es reconocida como una de las más ricas y vitales de América Latina. 

Nuestra tradición poética es muy fuerte y está arraigada en la base misma de la sociedad. Como testimonio de esta verdad baste resaltar el parentesco que existe entre 10 de los 66 poetas presentes en este libro: María Mercedes Carranza, Ramón Cote Baraibar y Santiago Mutis Durán, son hijos respectivamente de Eduardo Carranza, Eduardo Cote Lamus y Álvaro Mutis. Por otra parte, Juan Manuel Roca es sobrino de Luis Vidales y Guillermo Martínez González es nieto de Matilde Espinosa. Otros dos, José Luis Díaz-Granados y Pedro Arturo Estrada, tienen respectivamente un hijo y una hermana poetas que por razones de edad no fue posible incluir en esta antología. 

A lo largo del libro cada poeta es presentado con una pequeña nota biográfica. A veces, incluso, con una pequeña apreciación crítica. Porfirio Barba Jacob, León de Greiff, Laura Victoria, Meira Delmar, Jotamario Arbeláez, Julián Malatesta y Vito Apüshana, firman sus obras con seudónimos literarios. En cualquier caso, hemos optado por el nombre artístico sin mencionar el civil. 

La realización de este libro no fue tarea fácil, pero valió la pena. El trabajo de selección me obligó a leer las obras completas de muchos de los autores y, cuando esto no fue posible, amplias compilaciones. Esto sin contar las antologías de la poesía colombiana y los trabajos críticos que consulté. El acceso a tan importante material no habría sido posible sin la ayuda de los poetas o sus herederos, de los amigos que desde diferentes partes del planeta me enviaron libros y de Internet donde hoy en día es posible consultar buena parte de la poesía de mi país en formato digital. 

La traducción de Nuno Júdice es extraordinaria, no podía ser de otro modo tratándose de un poeta de su importancia. En estas páginas Júdice consiguió trasladar de una lengua a otra lo que en un principio parecía imposible: la música. Fue un verdadero honor el haber trabajado a su lado y estoy segura de que los poetas colombianos, y los lectores portugueses, le estarán en igual medida agradecidos. 

Finalmente quiero dar las gracias a Germán Santamaría, embajador de Colombia en Portugal, por el apoyo y entusiasmo que puso en este proyecto desde la primera vez que se lo mencioné. Cuando le dije que nunca se había publicado en Portugal una antología de la poesía colombiana me dijo de inmediato: “manos a la obra”. Este libro simboliza para mí la expresión de un doble amor. El amor por mi patria y su poesía, y mi amor por Portugal y su lengua. Durante un tiempo prácticamente viví dentro de él y llegué a sentir que era mío. Con su publicación regresa a manos de quienes en verdad pertenece: a sus autores y, sobre todo, a sus lectores. Colombia es un país en el que se crea, se ama y se sueña. Un país en el que se escribe una gran literatura. Estoy contenta de poder contribuir en algo a la divulgación de esta otra faceta de su realidad. Bienvenidos a Colombia. Entren, disfruten la poesía de un país que sueña. Lauren Mendinueta Lisboa, marzo de 2012.

jueves, 17 de noviembre de 2011

En el país del Sagrado Corazón

El colombiano promedio, el colombiano que debe salir todos los días a enfrentarse de lleno con la vida, sin un trabajo digno, sin seguridad social ni nadie que le garantice sus derechos, se tiene que volver audaz, creativo, demasiado inteligente, para volver a casa con el alimento que sacará una sonrisa a sus hijos o para hacer más llevadero su hogar. A esos colombianos, que somos la mayoría, deseo dedicarles hoy esta entrada; a los buenos colombianos que dejan de lado sus tristezas, sus verguenzas, sus sinsabores, y nos hacen comprender, así sea por un instante, que pese a todas las adversidades, se puede vivir en este país considerado del sagrado corazón.

Van estas fotos tomadas con mi lente. Retratos fieles de lo que hacen los colombianos, entre muchas otras actividades, para no dejarse morir ante la indiferencia de un Estado que aún no encuentra la fórmula mágica para tratar a todos por igual.

Una venta de mazorca en una calle bogotana.









Una nevera que sirve para guardar zapatos, en Cartagena.











Una foto de la actriz Megan Fox, de Transformers, publicitando un bar nocturno, en Pereira.










Una venta de cuadros, exhibidos sobre un carro, en Manizales.









Si tienes fotos similares, envialas a mi correo, para que hagamos juntos una galeria en honor al colombiano luchador, honrado y decidido. No como burla, sino como una muestra a su arrojo, a su valentía, a ver si el Estado llega algún día a mirar bien la letra menuda de la Constitución.

lunes, 24 de octubre de 2011

Norma y el fin de un sueño

Como se ha difundido ampliamente, el Grupo Editorial Norma hizo público el cierre de algunas  de sus líneas  literarias, con ellas incluso el fin del premio La Otra Orilla. Como escritor lamento este suceso de tan importante editorial colombiana, diciendo además que imaginen lo que pasa con aquellas pequeñas editoriales y, aún más, los esfuerzos que se ven abocados a realizar quienes pretenden sostener diversas publicaciones de todo tipo. Por ello mi voz de solidaridad y la transcripción del siguiente artículo copiado de la revista Arcadia, para que se hagan una idea más clara de lo que pasó. 

Por Lina Vargas.

La noticia se supo el pasado 30 de agosto: el Grupo Editorial Norma cerrará sus líneas de Ficción y No ficción para adultos, Verticales de bolsillo, y Autoayuda y Crecimiento personal. El comunicado, enviado por la empresa Carvajal Educación —de la que hace parte Norma— a escritores, colaboradores y agentes literarios era corto, seco y contundente. Allí se anunciaba que Carvajal concentraría sus esfuerzos en ofrecer productos y servicios al sector educativo y que por ello desinvertiría en las líneas que no hicieran parte de ese mercado. Desinvertir significa que Norma no volverá a contratar novedades, pero seguirá distribuyendo los libros de su fondo hasta finales del 2012. Además, mantendrá la publicación de textos escolares, literatura infantil y juvenil, y de gerencia, cuya participación en la facturación del año pasado sumaba un 20% —sin contar papelería que alcanzó el 73%— mientras que las líneas que van a cerrar llegaban solo al 3%. La desinversión —se lee en el comunicado— representa menos del 1% de los activos e ingresos de Carvajal Internacional, lo que supone una decisión sin dolor para la multinacional. Por lo menos desde la perspectiva de las cifras.

El cierre no causó la sorpresa esperada: en Twitter, por ejemplo, apenas si fue comentado. ¿Cuál es el motivo? Guardadas las proporciones, los cien años recién cumplidos de la editorial francesa Gallimard merecieron más de una primera plana. En este caso, solo hubo un par de menciones —el Encuentro de Narrativas de Realidad, organizado en Buenos Aires, desvió su tema de debate ante la preocupación de algunos de los escritores asistentes por el cierre de Norma— lo que no deja de llamar la atención, sobre todo si se tiene en cuenta que hace menos de un mes se anunció que el escritor mexicano Ignacio Padilla había ganado el Premio La Otra Orilla de Norma (a propósito, la editorial va a imprimir y distribuir la novela de Padilla, El daño no es de ayer). La respuesta al desconcertante desinterés quizás tenga que ver con lo lejana que se ve la época dorada de Norma, que comenzó en los años noventa cuando se inauguró la línea de Literatura y Ensayo de la que hicieron parte colecciones como La Otra Orilla, Cara y Cruz, Milenio y Vitral. Sí, Colombia es un país sin tradición lectora. Sí, se leen 1,6 libros al año, mientras que en Japón, 47 y en Argentina, cuatro. Sí, se venden los mismos 2500 ejemplares. Sin embargo, no era extraño encontrar un libro de Cara y Cruz en el pupitre de cualquier estudiante de colegio; más de uno descubrió a poetas como José Watanabe y Eugenio Montejo gracias a la colección de poesía y muchos descansaron con las traducciones de La Otra Orilla, hechas en Colombia y no en España, en las que un tonto es un tonto y no un gilipollas. “Norma fue la única empresa colombiana que peleaba en las grandes ligas de la edición y sirvió para que se desarrollaran proyectos editoriales importantes en América Latina —comenta Moisés Melo, antiguo gerente de Literatura y Ensayo de Norma—. Además, fue una escuela de editores, de traductores y formó a jóvenes en la literatura de manera similar a como lo hizo el Fondo de Cultura Económica con los lectores de ensayo hace cuarenta años”.

Cuando Melo ingresó a Norma, en 1987, la editorial llevaba veinte años haciendo libros de texto, gerencia e infantiles (curiosamente las mismas líneas que va a tener ahora) y recién había incursionado en el mercado de los pop-up. A comienzos de la década de los noventa, empezó una expansión internacional que veinte años después la llevaría a tener presencia en doce países de América Latina, producción editorial en ocho países y plantas de producción en cuatro. Como parte de esa expansión, se crearon las gerencias de Interés General y Literatura y Ensayo. En 1991, esta última lanzó la colección Cara y Cruz, el nombre se lo puso William Ospina, quien pasaría a ser uno de los autores más cercanos a la editorial y cuyo agente literario hoy, Guillermo González, afirma que ya están en conversaciones con otras casas para ceder los derechos del escritor. El primer libro publicado por Cara y Cruz fue María de Jorge Isaacs, y desde entonces, se hizo célebre el modelo doble de los libros de la colección: por un lado está la obra y por el otro, un ensayo y una cronología que incluye biografía del autor y hechos literarios e históricos.

Cara y Cruz, dirigida a los lectores jóvenes, surgió en un tiempo en que la educación en Colombia cambiaba. Ya no se trataba de impartir un canon ni había una verdad absoluta sobre la obra literaria, los ensayos, encargados a académicos colombianos, se ajustaban a ese nuevo modelo. La colección también tuvo una línea de filosofía con cerca de 20 títulos. Consuelo Gaitán, la editora de Cara y Cruz filosofía, destaca las traducciones realizadas por colombianos. De hecho, no hay un solo editor que haya pasado por Norma que no mencione la labor de los nuevos traductores que rompió con la desastrosa tradición española. Aparecen nombres como Nicolás Suescún, Elkin Obregón, Carlos José Restrepo, Hernando Valencia Goelkel y Héctor Abad Faciolince, que colaboró con algunas traducciones del italiano. La estupenda edición de las obras completas de Shakespeare es una muestra.

En 1990 Norma lanzó La Otra Orilla, la colección de literatura contemporánea más recordada y leída de la editorial, bajo la dirección de Rodrigo de la Ossa, hoy en Santillana. Los primeros libros de la colección fueron La visita en el tiempo de Arturo Uslar Pietri y Amirbar de Álvaro Mutis que se lanzaron en simultánea en la Biblioteca Luis Ángel Arango, en un evento al que asistieron los expresidentes Alfonso López Michelsen y Belisario Betancourt. Siguieron cientos de autores, entre otros los colombianos Tomás González, Andrés Caicedo, Juan Gabriel Vázquez, Evelio José Rosero y William Ospina —sobre este último, María del Rosario Aguilar, editora de la colección Vitral, recuerda que en una portada apareció William Opina. “Tuvimos que recoger todo y mandar a picar”—. La Otra Orilla publicó a Bufalino, Bioy Casares, Fonseca, Soriano, Roa Bastos, Bashevis Singer, Appelfeld, Piñón, Giardinelli, Le Clezió y Kawabata.

Carmen Barvo, directora de Fundalectura y exeditora de Literatura y Ensayo, comenta que cuando salió La historia de mi hijo de Nadine Gordimer, se dieron cuenta de que el libro tenía errores de composición por un proveedor externo que empezaba a digitalizar y cambiaba los signos ortográficos. Mientras lo recogían les avisaron que la escritora sudafricana había ganado el Nobel. Lo reimprimieron y se terminaron vendiendo 20.000 ejemplares. Moisés Melo menciona el caso de Las cenizas de Ángela, la novela de Frank McCourt, cuyos derechos costaron 4000 dólares y vendió más de un millón de copias. Y están las historias de García Márquez y Álvaro Mutis. Del amor y otros demonios vendió 250.000 ejemplares en un año e Ilona llega con la lluvia, 60.000. “Con Carmen Balcells (la famosa agente literaria) se negociaba comiendo —cuenta Barvo—. Los derechos de Mutis los adquirimos en un desayuno en el Hotel Plaza de Nueva York”. Arcadia se comunicó con Gloria Gutiérrez, directora de la agencia Carmen Balcells en Barcelona, quien no dio declaraciones respecto al cierre.

Otras dos colecciones que dejaron huella en Norma fueron Vitral y Poesía. La primera, a cargo de María del Rosario Aguilar, llenó un espacio prácticamente vacío en Colombia con cerca de ochenta títulos sobre ciencias sociales. La segunda —cuenta su editora Claudia Cadena, desde su apartamento en Buenos Aires— publicó textos de poetas como Ferreira Gullar, Derek Walcott, Raúl Gómez Jattin, Héctor Rojas Erazo y Salvador Espriu.

El tamaño justo

Otro de los motivos para que el cierre de Norma pasara inadvertido tiene que ver con que, de alguna manera, se veía venir. Hay quienes aseguran que la expansión fue un mal paso para la editorial que, en su mejor momento, generó entre cuatro y cinco millones de dólares y publicó seiscientos títulos al año y recibió propuestas de compra de Planeta y Random House Mondadori. Pero la expansión no contó con la infraestructura necesaria para prosperar. Si a eso se suman decisiones riesgosas como elevar el Premio La Otra Orilla de 30.000 a 100.000 dólares, pagar anticipos altísimos a autores como Bioy Casares y Le Clezió y descuidar las relaciones con los libreros independientes, el resultado era inevitable. La clave parecería estar en la frase de Ricardo Obregón, presidente de Carvajal Internacional: “O uno es muy grande o uno es chiquito, pero nosotros estábamos en un punto medio donde ni teníamos la billetera para apostarle a los grandes, ni estábamos en plan de hacer crecer autores pequeños”. Gladys Regalado, presidenta de Carvajal Educación concuerda: “Los números no nos dieron. Fue un problema de escala: las apuestas eran cada vez más grandes y nunca se llegaron a recuperar”.

Es cierto. “Este negocio ya no da para andar en limosina”, comenta Felipe Ossa, gerente de la Librería Nacional. También es cierto que el mercado de los libros de texto supera con creces al de libros de literatura —en el primer caso, la editorial es dueña de los contenidos, mientras que en el segundo solo adquiere los derechos del autor por un determinado tiempo— y, aun así, el cierre de Norma por lo menos plantea un par de inquietudes sobre el futuro de la edición en Colombia. O debería. “El cierre de cualquier empresa productora de bienes culturales, es malo. De una empresa productora de libros, es pésimo. De Norma, que se caracterizó por muchos títulos de importancia y autores de primera línea, es desastroso”, dice Conrado Zuluaga, director de Editorial Panamericana. Ana Roda, directora de la Biblioteca Nacional y antigua editora de Norma agrega: “Norma participaba en las grandes ferias internacionales, compraba derechos, encargaba sus propias traducciones, circulaba sus publicaciones en América Latina. ¿Qué más se puede decir? Una verdadera lástima”.

jueves, 6 de octubre de 2011

Un poeta nuevo premio Nobel de Literatura

Tal como estaban las apuestas, el nuevo premio Nobel de Literatura es el poeta sueco Tomas Tranströmer. Va este enlace para mayor información.




http://www.elpais.com/articulo/cultura/poeta/sueco/Tomas/Transtromer/premio/Nobel/Literatura/elpepucul/20111006elpepucul_1/Tes


Los dejamos con una muestra de su gran y bello trabajo.
17 POEMAS (1954)  (ur 17 DIKTER)



Lätt återkastas himlasfärers orrspel.
Musiken, skuldfri i vår skugga, som
fontänens vatten stiger mellan vilddjur,
konstrikt förstenade kring vattenstrålen.
Med stråkarna förklädda till en skog.
Med stråkarna som riggen i ett störtregn –
kajutan vräks under ett störtregns hovar –
och innerst, i kardanupphängning, glädjen.
I afton återspeglas världens stiltje,
när stråkarna satts an men inte rörs.
Orörliga i dimman skogens träd
och vattentundran speglande sig själv.
Musikens stumma hälft är här, som doften
av kåda står kring åskskadade granar.
En underjordisk sommar hos var man.
Där lösgör sig, vid korsvägen, en skugga
och spränger bort i bachtrumpetens riktning.
Av nåd ges plötslig tillförsikt. Att lämna
sin jagförklädnad kvar på denna strand,
där vågen slår och sjunker undan, slår
och sjunker undan.



Liviana, vuelve la bofetada de las esferas celestes.
La música, a nuestra sombra, inocente como
el agua de la fuente que sube entre animales salvajes,
artísticamente petrificada alrededor del chorro de agua.
Con las cuerdas disfrazadas de bosque.
Con las cuerdas como el aparejo del aguacero:
la lancha es azotada por los cascos de un aguacero
y en lo íntimo, en el atasco del giroscopio, alegría.
Esta tarde se refleja la bonanza del mundo,
cuando las cuerdas son instaladas, sin que nadie toque.
Inmóviles en la niebla, los árboles del bosque
y la tundra húmeda espejeando en sí misma.
La mitad muda de la música está aquí, como el olor
a resina anda en torno a ramas heridas por el rayo.
En cada hombre, un verano subterráneo.
En el cruce de caminos, una sombra,
y se aleja corriendo, siguiendo la trompeta de Bach.
La piedad inspira súbita cautela. Dejar
su disfraz de yo en esta playa
donde la ola golpea y se retira, golpea
y se retira.